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domingo, 29 de agosto de 2010

254- El "Efecto Ángela" (o con Miquel y su padre, a la búsqueda de un bombín en Buenos Aires)

Isidro Salzman, mi profesor de Literatura en el
Taller de la Universidad Maimónides, dice que la literatura trascendente surge del dolor y la tragedia y que escribir banalidades no suma demasiado, pero para mí es fundamental rescatar los buenos momentos porque así, repasándolos, junto coraje para hacer frente a las tormentas, que, como la de Santa Rosa en estos días, nunca se sabe en qué momento preciso llegarán. Por eso, para volver a disfrutarla, voy a hablar en esta crónica de mi última semana en esta primavera antes de tiempo que nos regalara, inesperadamente, la ciudad.

Aquellos que me leen hace mucho recordarán a “la Adelantada”. Hija de uno de mis cuatro primos hermanos cuyo nombre es Miguel, como nuestro común abuelo y como el Arcángel que venciera a Satanás.

La llamé “Adelantada” porque fue la primera en animarse a venir al Río de la Plata y la primera en “conquistar” los corazones de toda su familia de Argentina.

Ángela es simpática y cálida, con un gracejo y un donaire lleno de giros y expresiones graciosísimos de tono positivo (“¡Qué gozada!”, “¿A que es majo…?”, “¡Mira, mira qué … que tengo…!”, “¡Qué bonitoooo!”, son algunas de sus frases emblemáticas). Y, aunque a veces sufre y se pone triste como cualquier mortal, tiene el mérito -que, modestamente, compartimos- de volver a levantarse para pelearle a la vida con todo, procurando llegar al mejor puerto posible y conservando un poco de
ilusión y de alegría.

Ángela, mallorquina pero con alma de ciudadana del mundo, residente en Madrid, está casada con Jorge, un muchacho cubano enamorado de las artes y diseñado por la Madre Naturaleza para obrar como doble de
Antonio Banderas, y han sido padres de un niño “de colores” (los colores de las muchas tierras que componen su familia), que ya tiene cinco meses. Miguel o Miquel, al que, para variar un poco en esto de la originalidad mallorquina en los bautizos, le han agregado un
segundo apelativo (Jeremías), que en mallorquín refiere a un instrumento de viento parecido a la gaita. O sea que mi sobrino nieto ha sido pensado, desde la cunita, multicolor, como conté en otra crónica, valiente como San Miguel Arcángel y alegre, como la música de las xeremíes. Y al respecto, permítanme, amigos, sostener la teoría de que Miquel Xeremíes (o Miguel Jeremías) tiene que haber intuido en el vientre de su madre, que debería hacerse cargo de ser hijo de tan singulares progenitores, no lo duden, y ya esgrimiré razones para demostrar mi teoría.

Es que el “Efecto Ángela”, que conociéramos en Buenos Aires, 2007 y en Madrid y Mallorca en 2008, se experimenta desde el mismo momento en que esta muchacha pisa el aeropuerto de una ciudad. La precede su sonrisa (Ángela sonríe con la boca y con los ojos a pesar del evidente cansancio de un larguísimo viaje con un bebé pequeñito). Y la sigue la sonrisa de Jorge, que con su acento cubano-madrileño y con su cálida forma de ser preanuncian una semana muy especial. También Miguel sonríe (no puedo creer que después de catorce horas esa criatura tenga ganas de sonreírle a alguien) y comenzamos una semana de paseos, encuentros familiares, risas, anecdotarios infinitos, evocaciones y también futuros. Cada hora es diferente pero plena. Ángela nos enseña a disfrutar de todo: una comida, una canción o un beso. Y él la sigue, enamorado, como si supiera que su madre es sabia. Ángela amamanta a su niño con tranquilidad pasmosa y sea donde fuere (catamarán, tren o sulky palermitano), enterneciendo con su imagen a todos los porteños que observan esa diáda tan especial. Y no deja de sonreir pese al cansancio, apreciando cada minuto, cada flor, cada paisaje.

Los días vuelan. Pero cada mañana mi cocina estalla en risas y las gracias de Miguel nos renuevan a cada paso. Ahora, el Bus Turístico, después, el Tigre, Palermo, La Boca o Recoleta y hasta la librería el Ateneo Gran Splendid ven pasar a estos jóvenes junto al pequeño Miguel y a quien esto escribe, ya añorándolos.

Dije antes que ese bebé debía saber lo que le tocaría en suerte y nació adaptado. Sus padres lo alzan, lo bajan, lo cambian , descambian y amamantan en pleno paseo fuere donde fuere y el bebé se deshace en sonrisas y gorgoritos. Hasta se ha hecho cómplice de un deseo de su papá, entrando con donaire a cuanta sombrerería hay en mi ciudad en pos de un bombín igualito al de Sabina con el que Jorge quiere partir de la Reina del Plata y se ha dado el lujo de “dialogar” con mi madre en un momento de esos que hay que tratar de guardar en la retina y en el corazón.

Es el “Efecto Ángela”, sublimado ahora por "Banderas" y el pequeño Miguel, a no dudarlo, que abarca a cuantos a ellos se aproximan, convirtiendo en fiesta cada instante.

Mercedes y Fernando se muestran fascinados con estos primos mucho más jóvenes que sus padres pero con la adolescencia ya superada y cada sobremesa es un aprendizaje sin fronteras. Jorge y Fernando tocan la guitarra y comparten visiones del mundo a su manera. Mercedes y su prima transitan Preciados y El Corte Inglés y sueñan con encuentros europeos. A veces se suma a nosotros Natalia, una Cobas argentina también encantadora y otras, sus padres, mis primos argentinos. Hasta mi vecina Graciela y ¡mi cuñada!, Silvia han obrado de Reyes Magos con el pequeño Miguel. La cortesía rioplatense ha dado muestras de perdurar, sin duda, pese a los tiempos egoístas que parecen dominar a gran parte de la humanidad. En cuanto a mi Robert y a mí, nos encantó este ensayo de "abuelidad" por una semana. Fue lindísimo.

Mi primo Miguel, el padre de Ángela, dice (sabiamente) que las visitas nos procuran alegría doble siempre (una cuando llegan y una segunda en el momento de partir). Reconozco que los siete días bajo el influjo de la Adelantada y su familia han sido muy agitados y que un poco de serenidad y calma no me ha venido mal luego de tanto ajetreo pero toda la familia despierta desde la partida con el deseo de que algún movimiento telúrico disminuya las distancias o que el pequeño y sus padres decidan cambiar Madrid por Buenos Aires como lugar de residencia. Todos sentimos que si viviéramos cerquita la vida sería, a no dudarlo, más hermosa bajo el sortilegio de Ángela, Jorge y el pequeñito de colores.

Cati Cobas


lunes, 24 de mayo de 2010

249- Colores para Miquel/Miguel

Cuando Ángela, “la Adelantada”, nacida y educada en Mallorca, me contó que ella y Jorge, también isleño, pero de Cuba, en este caso, -nuestros sobrinos en Madrid y eficientes anfitriones en la Buhardillita- serían padres, comprendí que estaba por vivir una experiencia nueva y muy hermosa. ¡Sería tía abuela por tercera vez y de un varoncito! Pero a la distancia, en forma cibernética.

Ya saben, amigos, que valoro enormemente lo hecho a mano. Desde aljibes a vestidos, desde conservas, a sobrassadas. Por eso, cuando nacieron Ezequiel y Carmela, mis sobrinos nietos argentinos, empuñé lanas y aguja en señal de bienvenida, por lo que me dispuse a hacer otro tanto para Miquel.

Claro que “la Adelantada” es “muy suya”, como dicen los hispanos, y cuando le pregunté si quería la mantita marfil o celeste me respondió que la quería como sería su hijo: “de todos los colores.” ¡Ay Señor!, me dije. ¿Qué significa esta nueva ocurrencia de mi sobrina? ¡Solo a ella se le puede ocurrir algo así! Sin embargo, al considerar detenidamente la cuestión advertí que Ángela era muy sabia. Porque era cierto lo que decía: Miguel, para su familia en Cuba, o Miquel, para la mallorquina, deberá tener un corazón multicolor hecho copeo y son, de salsa y rumba y ball de bot. Miquel aprenderá a nadar en Es Trenc, como lo hicieran alguna vez mi padre y sus abuelos, pero también conocerá el placer de las playas caribeñas con su verde lujurioso. Será un niño de todos los colores. La verdad, me sentí muy importante porque en ese momento me pareció comprender que en mi mantita, hecha por las manos de una americana con indiscutibles y amadas raíces europeas, se encontrarían, como en Miquel, mis muchas veces contadas “Dos Orillas”.

Y para honrar la labor que me había impuesto comencé a buscar los tonos justos. ¡Menudo problema! ¿Como tejer para Miguel un arco iris sin caer en la bandera del orgullo gay? Aunque ni los padres ni yo tenemos nada que objetar a las decisiones personales de la gente, nos pareció un tanto inadecuado para un recién nacido vestirlo de estandarte sin su consentimiento.

Finalmente, se armaron los colores, la manta fue tejida y mi amiga Graciela rodeó con puntilla de crochet mi trabajo.
Poco a poco creció el niño en el vientre de su madre y hasta se dio el lujo de un vuelo internacional a Nueva York como para ir aprendiendo que le tocará vivir entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Entretanto, la mantita seguía en Buenos Aires. Ya estaba quien esto escribe yendo al correo por una caja ad-hoc cuando un amigo de un amigo de mi sobrina se ofreció para transportarla a la Península. Y ahí partieron los colores de Miquel acompañados de un ramito de lavanda americana.

El niño nació en marzo, el dieciocho. Sus padres lo envolvieron con la mantita -símbolo. Miquel ha llenado de alegría la vida de todos nosotros y mis primos, sus abuelos y su tía y madrina, Joana Aina, cada uno a su modo, procuran envolverlo en ternuras equivalentes a mi tejido.

Quizás pronto lo conozca personalmente porque es posible que venga a Buenos Aires en el mes de agosto. Si es así, me propongo firmemente acunarlo con un tanguito o una buena milonga y de ese modo sumar, a los colores mallorquines y caribeños otros, los míos, los del Río de la Plata.

Y de ese modo, nuestro Miguel/Miquel confirmará su destino multicolor.

Cati Cobas

domingo, 3 de enero de 2010

Una versión de "El mensajero del azul" en la página web de la Fundación Balear Exterior


"Las pinturas de José Puig Palmero son una presencia permanente en la Planta Alta de la Casa Balear de Buenos Aires. Y evidencian, desde siempre, su entusiasmo desbordante por esa forma de expresión artística y un amor indiscutible por aquellas islas que lo vieron nacer al otro lado del Atlántico. En ellas, los azules son un lei motiv omnipresente. Los mares y los cielos de Puig tienen un color muy especial, inolvidable, vibrante, poderoso, que casi hiere las pupilas, restallante de luz. Un color muy distinto de los celestes pampeanos bajo los cuales se cobija en la actualidad y que resulta casi incomprensible a quienes no han hollado el suelo de las Islas Baleares.

La clave está en las islas, ellas permiten comprender a Puig Palmero y su obsesión por los azules. Ese hombre sencillo y culto a la vez ha trasladado a sus cuadros la diáfana y eterna tonalidad de los lugares que lo vieron crecer. Éso es. Nada más y nada menos que los azules baleares que lleva en el alma, trasportados a la tela.

Azules que pueden contemplarse en el mediodía del puerto de Sóller , en la Playa d’es Trenc y sobre las rocas de la Rápita. Fondo perfecto para la Catedral de Palma y marco dignísimo del Castillo de Bellver. Entorno singular de las casas blancas de Ibiza y acompañamiento mágico para las de Menorca y Formentera. Síntesis perfecta de un lugar único en el mundo, eternamente recordado por todos los que alguna vez tuvieron la dicha de habitarlo.

Don José Puig acaba de inaugurar el sábado 19 de diciembre una muestra de sus trabajos del año 2009, como cierre de las actividades culturales del año, en la Casa Balear de Buenos Aires, cuya Comisión Directiva integra, y así los asistentes a la exposición pudieron volver a recrearse con las paredes encaladas de Ibiza, con los rincones de piedra mallorquina, con los tejados rojos y las agujas de la Seu, en interesante síntesis que permitió evocar nuevamente los colores eternos de las islas.

Y así, una vez más, gracias al pincel de este inveterado mensajero del azul, los visitantes pudieron regresar, amorosamente, a las raíces."


Cati Cobas

domingo, 20 de diciembre de 2009

239-El mensajero del azul

La primera vez que me encontré con una obra de José Puig Palmero fue hace ya varios años en la Planta Alta de la Casa Balear de Buenos Aires. Pintaba paisajes baleares. Lo hacía con entusiasmo desbordante y con un amor indiscutible por aquellas islas que lo habían visto nacer al otro lado del Atlántico.. Y entonces, como ahora, sus azules me llenaron de asombro. Los mares y los cielos de Puig tenían un color muy especial, muy diferente de cualquier otro. No pude olvidarlo.
E
ra vibrante, poderoso, casi hería las pupilas, restallante de luz. Un color t
an distinto de los celestes pampeanos a los que aquí estamos acostumbrados a mirar…

Volví a encontrarme con el pintor el año pasado, c
on motivo de mi conferencia sobre la vivienda balear, en la Casa homónima. Ahí supe que tenía una pícara sonrisa y la piel y los cabellos blancos, mientras sus ojos estaban teñidos por el mismo color que predicaba. Supe, también, de cuánto amaba la lengua y la cultura baleares y hasta tuve oportunidad de que me corrigiera, con muchísima delicadeza, en el empleo de algún vocablo que consideró debía modificarse. En aquel momento, me regaló un cd con sus trabajos con el que volví a deslumbrarme con su paleta y, sobre todo, con sus cielos intensos, intensísimos.

Mallorca me dio la clave. Sí. Ella fue la que me hizo comprender a Puig Palmero y su obsesión por los azules. Ese hombre sencillo y culto a la vez había trasladado a sus cuadros la diáfana y eterna tonalidad de las islas que lo vieron crecer. Éso era. Nada más y nada menos que los azules baleares que llevaba en el alma, trasportados a la tela.

Pude contemplarlos en el mediodía del puerto de Sóller y en las primeras horas de la tarde del Monasterio de Lluc, en la Playa d’es Trenc y sobre las rocas de la Rápita. Fueron el fondo perfecto para la Catedral de Palma y el marco dignísimo del Castillo de Bellver. Eran la síntesis perfecta de un lugar único en el mundo, eternamente recordado por todos los que alguna vez tuvieron, como mis abuelos, la dicha de habitarlo.


Por todo eso, cuando ayer don José Puig me invitó a la inauguración de una muestra de sus trabajos como cierre de las actividades culturales del 2009 en la Casa Balear de Buenos Aires, cuya Comisión Directiva integra, no dudé un segundo en decirle que era para mí un gran honor que me hubiera tenido presente para descubrir las novedades que su paleta tenía para ofrecernos.

Y así pudimos volver a recrearnos con las casitas blancas de Ibiza, con los rincones de piedra mallorquina, con los tejados rojos y las agujas de la Seu, en interesante síntesis; pudimos evocar nuevamente los colores eternos de las islas.

Y así, una vez más, gracias al pincel de este inveterado mensajero del azul, logramos retornar, amorosamente, a las raíces.

Cati Cobas

lunes, 23 de noviembre de 2009

235-"Sa meva senalleta!" (¡Mi cesta mallorquina!)

Me la regaló Joana Aina, una de mis sobrinas recién estrenadas, pocas horas antes de que acabara nuestro “Camino de la Luna Llena”.
Lo que ella no sabía es que tenerla entre mis manos me permitió recuperar un trocito de mi infancia y, a la vez, reflexionar sobre el símbolo que ese objeto de apariencia simple y un tanto rústica representaba para mí.

Cuando tenía dos años, como mucho, Isabel, mi abuela materna, regresó a su tierra para ver a su madre ya anciana, trayéndome como recuerdo una pequeña cesta de palma trenzada, sin tapa y con manijas de cuero, a la que aprendí a llamar “senalleta”, a la mallorquina, en vez de cesta o canasta, como hubiera sido la forma rioplatense de nombrarla.

Entonces, mi “senalleta” servía para acarrear libros de cuentos, una compra imaginaria o las ropas de juguete de Gracielita, mi muñeca “Pielángeli” adorada.

Aunque la disfrutaba enormemente (eran tiempos en que los juguetes eran un bien muy preciado, por modestos que éstos fueran), lejos me encontraba en aquel tiempo de intuir la historia de ese objeto elaborado artesanalmente más allá de la otra orilla del Atlántico. Lejos de suponer que, si bien desde los orígenes mismos de la cultura mallorquina se conocen elementos de palma trenzada, su confección responde en gran parte a la influencia de la cestería norteafricana e islámica en la cultura balear. Y mucho menos sabía entonces, como hoy sé, que hasta el Archiduque Luis Salvador, con mucha visión y sensibilidad, le había dedicado a estas cestas y a muchos otros objetos de cestería típica de las islas, un rincón de privilegio en su Museo Balear de Son Moragues. Privilegio merecido, ya que las artesanías de palma llegaron a constituir años después de desaparecido el archiduque, en los años cincuenta del siglo pasado, una fuente de ingresos interesante en algunas regiones de Mallorca, hasta que el turismo hizo que la mayoría de las labores artesanales se redujera a su mínima expresión.

“Sa meva senalleta!” Ahora, tan distante de la niña de las muñecas y las comiditas de mentiras, disfruto de mi cesta regalo de mi sobrina, como de un juguete nuevo. La contemplo y pienso que es un ejemplo perfecto de aquello que implican mis raíces, más allá de las influencias que los historiadores le asignaran. De estructura y forma lógicas y sin muchas vueltas, como suele ser la forma de pensar de mis ancestros, su entrelazado es tupido, sin cabos sueltos; la cesta está pensada en forma utilitaria pero con la belleza de todas las obras de las manos que, en otros tiempos, eran lugar común en casi todos los hogares isleños. Y a la vez, mi nueva canasta es esencialmente mallorquina: amplia, fuerte y resistente. Diseñada para acompañar a quien la emplee en el acarreo de los objetos más pesados sin romperse en un tris tras, manteniéndose firme en las peores circunstancias. Mi “senalleta” no abandona, no deja en la estacada, sus correas de cuero acompañan a la paja y aseguran, aún más, la carga “por lo que pudiera ser“, como haría una buena y previsora madona mallorquina.
Desde que la poseo no dejo de llevarla a paseos y excursiones. Se adapta a la perfección para llevar mi termo y mate sin que se vuelquen. En ella caben abrigo y algún libro y todo lo necesario para un viaje corto. ¡Qué bendición ha sido luego de años de cargar incómodos bolsos de tela o cuero! ¡Hasta su olor es agradable!

“Sa meva senalleta!” Compañera nueva revestida de historia. En estos días en que siento que la vida no me muestra su mejor sonrisa voy a poner en ti algo más que cosas; te llenaré con mis sueños y mis esperanzas. Pondré entre tus trenzados mis ganas de ser feliz y el deseo de que los míos encuentren los mejores caminos. Pondré también mis ansias de regresar a la tierra en la que naciste para volver a sentir bajo mis pies el rojo de sus atardeceres de molinos y la alegría de los reencuentros imposibles. Sé que tienes magia. La misma que debe haber visto en ti mi intrépida abuela materna. Espero que tus asas fuertes soporten los embates de la vida que me toca y me permitan cumplir, victoriosa, mi destino.

Cati Cobas

martes, 13 de octubre de 2009

231-De voces y sentires (Caticrónica de la "Trobada" Literaria en el Centro Balear de Santa Fe)

Con mi agradecimiento a la Casa Balear de Buenos Aires, que me permitió participar de estas jornadas inolvidables.

“Tota la meva vida es lliga a tu
Com en la nit les flames a la fosca.”

Bartomeu Roselló-Porcel

“Toda mi vida se liga a ti como en la noche, las llamas, a la oscuridad”. Releo los versos del poeta balear Roselló-Porcel, que hacen referencia al amor por su tierra con los que la Profesora Salvadora Moranta diera por inaugurado el encuentro del que trata esta crónica y que encabezan el diploma con que el Centro Balear de Santa Fe deja testimonio de la “Trobada literària” (Encuentro literario) de la que acabo de regresar y mi corazón revive rostros, miradas, abrazos, momentos de felicidad inolvidables.

Las palabras de Roselló–Pòrcel resumen el sentimiento que nos envolvió durante las jornadas: por nuestras raíces de almendro blanco, estábamos ligados a las queridas Baleares, o, en algunos casos, a la tierra catalana, como las llamas a la oscuridad. Y, a la vez, nos permitíamos florecer, lapachos rosa intenso, afincados aquí, en la palabra, junto a la ribera del Paraná, en nuestra bella y querida Argentina.

¡Qué idea maravillosa la de abrir a quienes estamos interesados en el idioma de nuestros ancestros la posibilidad de conocer cada vez más a quienes se expresaron en él con arte y señorío! ¡Qué posibilidad extraordinaria la de contrastar dos autores con vidas y posturas ideológicas tan distintas y descorrer, merced a su pluma, una parte de la historia del lugar del que vinieron nuestros abuelos, padres o nosotros mismos!

Ya la portada del dossier, con un paisaje muy significativo, nos da una muda bienvenida mientras comenzamos la jornada y Sonia Dutruel, presidenta del Centro Balear de Santa Fe nos lo repite y, la verdad, así, bienvenidos nos sentimos a cada instante.

Salvadora Moranta conduce el encuentro con profundo conocimiento de lo que desea trasmitir, de lo que espera que cada uno de nosotros se lleve del poeta ya mencionado y de Lorenç Villalonga, novelista que cuestiona a través de su pluma y sus personajes, un mundo y una sociedad que en su tiempo y según su óptica, perdían vigencia, decayendo poco a poco.

El salón, en la planta alta del Centro, habla por sí mismo de quienes componen dicha casa balear en la diáspora, ya que en él todo es primoroso: vajilla, manteles, plantas. Los detalles, los pequeños detalles, la pulcritud, el orden y hasta el blanco de las paredes dicen del lugar de donde venimos, de las tradiciones de máximo aprovechamiento de recursos en una forma de ver la economía que tiene carácter ancestral. Todo reluce. Y a la hora del refrigerio, la ensaimada esponjosa y un flao de antología (a cargo de Sonia, que, además de Presidenta es una madona hecha y derecha y nos obsequió generosamente la receta) ponen la nota dulce con sabor balear, precisamente. Bien saben los organizadores del encuentro que como decía el Padre Antonio, mi párroco escolapio, la mística y la “mástica” deben combinarse siempre dando goce al espíritu y al estómago en forma simultánea para completo regocijo de los humanos ¿no creen los lectores?
Por todo eso y por mucho más que sería pesado de escribir y mucho más de leer, párrafo aparte merece toda la Comisión del Centro Balear de Santa Fe y sus colaboradores, que hicieron de nuestra estadía un disfrute permanente.

Pero hoy, además de rostros y sabores, vuelven a mí las voces. Comenzando por la de María del Mar Bonet y su canción Mercè (Mercedes), tan bien elegida por nuestra coordinadora, que en pocos minutos pasó de Salvadora a “Pipi” sin que menguara el respeto que por ella sentimos todos los asistentes a la Trobada. En esa melodía la intérprete mallorquina dice a su mamá, pero mucho más a si misma “Sempre tornaré/ a la nostra platja;/ les ones no em deixen, mu mare,/ allunyar-me’n massa.” (Siempre volveré/ hasta nuestra playa/ las olas no me dejan, madre/ alejarme mucho.). A través de la voz y la palabra de María del Mar, en la lengua que nos convocaba, nosotros también viajamos en colores y perfumes hasta aquella otra orilla al otro lado del océano.

Sin embargo, ésa no es la única voz que resuena hoy en mí. Está la de todos y cada uno de los compañeros que en esos días pudimos conocer y con los que compartimos momentos gratísimos. La de Trinidad, contándonos sus historias de inmigrantes nobles y valientes, la de Joan, con su acento cordobés inconfundible, la de Silvia, y sus poemas, dichos con una entonación inolvidable, así como la de Inés, mostrándonos a cada personaje de la obra de Villalonga de manera impecable pero con el valor agregado de la síntesis.

No podré, seguramente, evocar aquí todas las voces pero hay una que no podré olvidar y que merece mención especial. Es la de Mabel, de Santa Fe, que llenó cada instante de nuestros días de Trobada con los ecos de las melodías más hermosas de ayer y de hoy. Desde la zarzuela a la copla, desde el tango al chamamé fueron desplegados por su cálido entusiasmo en cuanto huequito hubo para la risa y el encuentro más allá de las letras. Y eso hay que destacarlo porque ha sido magnífico, no lo duden los lectores.

Eso sí, además de las voces, hubo, por cierto, muchas otras demostraciones de buena predisposición porque ¿qué decir de la simpatía y cordialidad de las “chicas” de Mendoza, siempre entusiastas y risueñas o del interés y aplicación de la gente de San Pedro, así como de Amalia, representante rosarina? En síntesis, que todos y cada uno de los asistentes puso lo mejor de sí para que la Trobada fuera un acontecimiento inolvidable.

Tal vez por todo esto que acabo de contarles, y por mucho más que recordaremos en silencio, mientras contemplábamos el paisaje del jardín de la Casa de Campo, a orillas del Paraná, me pareció, parafraseando a Roselló-Pòrcel, que…

“apareció el poeta con una rosa en la mano,
recogiendo todas las sonrisas.”


“aparegué el poeta amb una rosa a la má,
Recollint tots els somriures”


Y, seguramente, reconociendo el éxito de la Trobada

“Dios declaró que el escenario era magnífico”

“Déu declarà que l’escenari era magnific”

Cati Cobas

miércoles, 23 de septiembre de 2009

230- ¿Empanadas o "panades"?

“Una empanada es un alimento compuesto por un relleno de carne, jamón, pollo, ricota u otros productos, encerrado en una masa elaborada al modo de la masa de pan, generalmente con trigo, pero puede estar hecha con maíz y otros cereales, y a veces con la adición de alguna grasa (aceite o manteca). Es un alimento que se elabora en casi todos los países del mundo, aunque son particularmente notorias en Hispanoamérica”.

En Argentina, las empanadas son un clásico. La manera más simple y económica de comer algo sabroso sin muchas complicaciones y la mejor excusa para reunirse con amigos.

“Ché…los esperamos el sábado a la noche con unas empanadas y un vinito…” es la frase mágica para el encuentro, tanto da si se trata de gloriosas empanadas preparadas por la tía tucumana o de otras, más modestas, compradas en comercios con apelativos ingeniosos como “El Noble Repulgue” o “Tercera Docena”. Porque aquí, las empanadas se venden por docena y son la solución cuando el ama de casa se cansó de preparar guisos, milanesas o pollo al horno y quiere descansar de ollas y sartenes.

Claro que, si bien, como dice el mataburros, se trata de un alimento prácticamente universal, los argentinos preferimos, sobre todo, y no podría ser de otro modo, las de carne, de las que nos jactamos de tener una empanada diferente por cada provincia.

Mientras en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia homónima las comemos rellenas de carne vacuna picada, con huevo duro y aceituna, en Catamarca y la Rioja, con el agregado de ajo y papa, en Córdoba, con pasas de uva y azúcar espolvoreada en la superficie y en La Pampa con el agregado de morrón. En el sur, recurriendo al pescado y a los mariscos con más frecuencia que a la carne y en el litoral reemplazando la harina de trigo por la de mandioca, en algunas oportunidades.

Sin embargo, el cetro y la corona de este noble alimento pertenecen al Jardín de la República, a la provincia de Tucumán. “La empanada tucumana es principalmente muy jugosa gracias a que la carne es picada a cuchillo en trocitos de 3 mm aproximadamente, la preparación inicial del relleno no se cocina del todo, se deja enfriar (para que absorba el jugo) y se termina de cocinar junto con la masa en la cocción final”.
Miren si será importante esta provincia en materia “empanadil” que es la sede de la Fiesta Nacional de la Empanada, que se celebra anualmente en el mes de septiembre en la ciudad de Famaillá, ciudad que ostenta, además, el ambicioso título de Capital Nacional de la Empanada.
En ese lugar se realiza un concurso culinario acompañado de canciones, coplas y degustaciones varias que hacen las delicias de cualquier sibarita, no tengan duda alguna, amigos.
Ahora bien, retornando al título de esta crónica, yo agregaría que ese alimento era en mi casa, cuando niña, una fuente eterna e inagotable de controversias entre mi padre y su suegra, mi siempre mentada abuela Isabel.

Es que aunque papá conservaba el idioma y muchas costumbres mallorquinas era a su vez un aprendiz de “gaucho” hecho y derecho, amante de las payadas y de nuestro folklore, del Martín Fierro y de cuanta expresión criolla cayera entre sus manos, por lo tanto, para él las empanadas argentinas resultaban sabrosísimas mientras que para mi querida y mallorquina abuela, no había nada en materia de relleno envuelto en masa que se acercara ni remotamente a las pascuales panades mallorquinas o a los cocorrois de verdura y los robiols de ricota (brossat para mis primos insulares).

Las diferencias eran abismales y prácticamente irreconciliables. Es imposible comparar un alimento con el otro. Es como tener que elegir entre un pasodoble y un tango: suenan absolutamente diferentes.

Las panades, características de Pascua, se pueden hacer de cerdo, de pescado de guisantes solos….pero las mas típicas son las de cordero, aunque en ese tema, la abuela claudicaba a favor de nuestra carne vacuna combinada con la de cerdo y con trocitos de panceta y sobrasada, lo que convertía a sus panades en un hecho culinario insuperable.

En cuanto a los cocorrois de verdura, también resultaban sabrosísimos y ni hablar de las empanadas rellenas con ricota y perfumadas con cáscara de limón…a cincuenta años de saborearlas, todavía mi boca se hace agua evocándolas.

En la controversia argento mallorquina yo solía actuar de agente moderador porque si bien nuestras criollísimas empanadas me encantaban, caía rendida a los pies de la abuela en cuanto sacaba del horno alguna de sus baleares creaciones.

Y hoy, más cerca que nunca de mis orígenes, digo, con absoluta convicción, que no hay dicotomía posible en esta materia, que papá y la abuela me perdonen, para mí en este caso, bastará con un cambio en la conjunción del título. Ayer hoy y siempre, mi alma siempre ávida de cosas ricas cambiará la “o” por la “y”. Lo que traducido en gula se leerá “Empanadas Y panades”, uniendo, una vez más, en harina y sabrosuras, las dos orillas del océano bajo el cual corren mis raíces.

Cati Cobas
Nota: Para recetas de empanadas argentinas: http://www.pasqualinonet.com.ar/
Para recetas de panades mallorquinas: http://www.lacocinadeauro.com/

martes, 15 de septiembre de 2009

229-Piratas y Sirenas...Caticrónica para el programa homónimo de Sandra Llabrés en IB3


En Catalán (con la corrección de S.C0vas Adrover)/Castellano

Pirates i Sirenes! / ¡Piratas y Sirenas!

Pirates i Sirenes! Quin títol més just per a un espai a la nit de les Illes Balears! Per somniar i esser feliços escoltant la veu joiosa de tots els qui abordàrem la nau de na Sandra que fa un poc més de dos anys hem va cridar amb la seva veu de sirena , també a IB3 i hem va comunicar màgicament amb tota la meva família perduda per més de quaranta anys…!

¡Piratas y Sirenas! ¡Qué título más justo para un espacio en la noche de las Islas Baleares! Para soñar y ser felices escuchando la voz gozosa de todos los que abordaremos la nave de Sandra que hace un poco más de dos años me llamó con su voz de sirena, también por IB3, comunicándome mágicamente con mi familia perdida por más de cuarenta años!


No ni ha un altre títol més precís que aquest perquè, no sé si ho sabeu, però en Plató ja posava les sirenes com a custòdia de “Les Illes Afortunades”, unes illes mitològiques a on la bona gent vivia per a sempre custodiada per totes les deïtats de l'Olimp.

No hay otro título más preciso que éste porque, no sé si lo sabéis, pero ya Platón ponía a las sirenas como custodia de "Las Islas Afortunadas", unas islas mitológicas en las que la buena gente vivía para siempre custodiada por todas las deidades del Olimpo.

I precisament eren les sirenes les encarregades de fer custòdia a les portes d'aquest lloc meravellós.
Vosaltres també viviu a “les illes afortunades”. Les Balears són això: un lloc molt afortunat, un dels més polits del món i, con diu el meu cosí Tià, Mallorca ja és tot un continent per ella mateixa. Aquí a Argentina, som molts els qui somnia’m en les illes vostres (o nostres) i voldríem sentir el càntic de les sirenes no per fondre'ns a l' Atlàntic, sinó per arribar ben custodiats a ca nostra. Ja vos dic que, almanco jo, com a descendent de balears, em sent sempre a cavall entre dues terres aferrada a les meves rels com un ametler plantat a Mallorca però que fa fruits a Amèrica.

Y, precisamente, eran las sirenas las encargadas de custodiar las puertas de este lugar maravilloso. Vosotros también vivís en "las islas afortunadas". Las Baleares son éso: un sitio muy afortunado, uno de los más bellos del mundo, y, como dice mi primo Sebastià, "Mallorca, ya es todo un continente por sí misma". Aquí, en Argentina, somos muchos los que soñamos con vuestras (o nuestras) islas y querríamos sentir el canto de las sirenas, no para hundirnos en el Atlántico sino para llegar bien custodiados a nuestra casa. Porque , desde ya os digo, que , al menos yo, como descendiente de baleares, me siento siempre a caballo entre dos tierras, aferrada a mis raíces como un almendro que, plantado en Mallorca, da frutos en América.

Però ara, amb IB3 i el meu ordinador podré viatjar totes les nits a la nau vostra desitjant que els pirates que pugin siguin, com a mínim, tan garrits com en Johny Deep i que ens trobin a nosaltres, les amigues del programa, tan maques com les mitològiques sirenes d’en Plató, ... és clar que molt més plenes de modernitat.

Pero ahora, con IB3 y mi computadora, podré viajar todas las noches en vuestra nave, deseando que los piratas que suban sean, por lo menos, tan buenos mozos como Johny Deep y que nos encuentren a nosotras, las amigas del programa, tan encantadoras como las mitológicas sirenas de Platón..., claro que mucho más llenas de modernidad.

Au, idò! Els millors desitjos per a tots els pirates i totes les sirenes a IB3 i llarga vida a la nau que avui s'endinsa a la mar!

¡Entonces! ¡Los mejores deseos para todos los piratas y todas las sirenas de IB3 y larga vida a la nave que hoy se interna en el mar...!

Cati Cobas a Bons Aires / Cati Cobas, desde Buenos Aires