martes, 26 de julio de 2016

316- “Volver” (A San Pedro) (Gracias a la magia de la Zarzuela y sus amigos)

Para el Periódico "La Región Internacional"


El 14 de octubre de 1966, celebrando la hispanidad, la Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela, de la mano de su creadora, Doña Sofía Cister de Rey, viajó a San Pedro, Provincia de Buenos Aires, Argentina y, auspiciada por la Agrupación Mallorca, puso en escena “La del soto del parral”.
¿Qué inexplicable designio hizo que hace justo un año, luego de asistir a una velada de Zarzuela realizada por la misma Asociación, en el Club Español, torturara a mis amigos sampedrinos de la Agrupación Mallorca, rogándoles que invitaran a este maravilloso conjunto de lírica española para presentarse con motivo del 50 aniversario? ¿Qué hizo que recogieran el guante, ayudados por gente muy querida que ama a Argentina tanto como a España?
¿Qué magia maravillosa logró que Ana María Rey Cister, hija de Doña Sofía, pudiera coordinar finalmente el viaje, acompañada de toda su gente?
Tal vez, pienso, en el cielo de la Zarzuela, custodiado por Gigantes y Cabezudos, se dieron cita Luisa Fernanda con Doña Francisquita. Y decidieron llamar a La tabernera del puerto, a Katiuska y a La del manojo de rosas y La del soto del parral, junto a Luis Alonso, que estaba por celebrar su boda. Se reunieron, digo, y regando el encuentro con Azúcar azucarillos y aguardiente, armaron la Verbena de la paloma en La Gran Vía. Acudió a ellos La pícara molinera, que sabía que en la Agrupación Mallorca sueñan con Molinos de viento y, todos juntos, inspiraron a los artífices del viaje, del encuentro.
En realidad, en la página web http://www.eltiempo.com puede hallarse la razón de lo que doy en denominar “magia”: “El encanto que tiene la zarzuela radica en su combinación de música, teatro y danza, la tragicomedia con tintes de picaresca y sátira en su mayoría dirigida a personajes de la vida política, y su capacidad de transportar al espectador a la España de otros tiempos, con sus historias de amor imposibles en el marco de la vida nacional y la cotidianidad de ese entonces.
Es así como maldiciones por un beso, galanteos a la sombra de una sombrilla, casas de citas que se
convierten en colegio de señoritas y otros relatos más, son los encargados de recrear en el escenario instantes de real importancia para España que al mismo tiempo que divierten, se constituyen en una forma de expresión histórica de la cual es posible aprender.”
De todo eso se disfrutó en la tarde del domingo 17 de julio a orillas del Paraná, cincuenta años después de la primera vez. Frío afuera y calor en los corazones de todos los que vivimos ese momento. El salón: repleto. Todos emocionados. Y la Asociación Amigos de la Zarzuela desplegando su saber hacer con absoluta generosidad: Director, pianista, solistas, coro. Todos, absolutamente todos, de la mano de su Directora, contribuyeron a que la deliciosa música, los elegantes trajes, la gracia y el donaire de este género musical inigualable cautivaran a sampedrinos y visitantes.
El silencio durante la actuación y el aplauso, de pie, que la cerró, hablaron con creces por sí mismos, a no dudarlo.
Mencionar a cada uno de los actores de esta jornada inolvidable haría árida esta crónica. Bastará el afiche que se adjunta, en el que se encuentran mencionados todos.
Estoy segura de que, en el cielo de la Zarzuela, junto a todos los protagonistas, Doña Sofía Císter de Rey debe sentirse muy orgullosa de la continuidad de su obra.

Cati Cobas


La Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela fue fundada por la Sra. Sofía Cister de Rey el 4 de Enero de 1949, y desde entonces mantiene un seminario abierto a todo cantante, directores, pianistas, actores, bailarines, interesados en aprender este hermoso género, representativo de toda España. De este seminario han salido grandes cantantes y directores. La Asociación está auspiciada por el Club Español de Buenos Aires. Nuestra anterior presidente, Doña Sofía de Rey, fue la fundadora y alma mater a lo largo de 44 años. En 1993, el Rey de España le concedió la "Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica".

En 1999, la Federación de Sociedades Españolas, le otorgó la "Medalla de la Hispanidad", entregada en la Embajada de España. El 19 de Mayo de 2001, el elenco de "España en el Globo", le otorgó una plaqueta en reconocimiento a su trayectoria. En Junio de 2002, recibió el "Premio a la Trayectoria", otorgado por la Embajada de España. En reconocimiento a su trayectoria en el género musical "Zarzuela", le fue entregada una plaqueta en el Teatro Avenida, por la empresa MATT-HUNGO el 26/06/2003. Se han presentado actuaciones en un sin fin de teatros e institutos culturales de Buenos Aires, como así también en centro de Casas de Cultura del interior del País.

lunes, 27 de junio de 2016

315: Ensalada de Messis y de Milas (Crónica del día después)


Es lunes. Llueve. Hay viento. Y en un ratito deberé apechugar con un nuevo día, subiendo mis sesenta y seis años de abundante humanidad al colectivo y al subte permaneciendo de pie porque me veo tan joven que no me ceden el asiento, mientras doy gracias a Dios por tener salud, una familia, buenos amigos, a Mila, Salem y un techo y un trabajo.Es lunes. Llueve. Hay viento, y por ahí andan hijos y entenados de casi todos los hiperenriquecidos “servidores públicos” que se sirven a sí mismos. Pero nos devolvieron a Mila.¡Sí! Es lunes. Llueve. Hay viento y salimos segundos en fútbol y Messi renunció. Pero Mila estuvo alojada en la casa de unas ancianas que le dieron calor, cobijo y no aceptaron recompensa.Sana sana colita de rana para el alma. Pero también posibilidad de reflexión. Reflexión que va dedicada especialmente a Mercedes y Fernando, mis hijos.Sí, chicos, a ustedes. Que se ponen tristes cuando la vida les dice no o cuando tienen que seguir luchando por conseguir sus sueños. La vida es salir segundo muchas veces, y tercero y cuarto sin perder más que por un ratito la esperanza y la sonrisa. Diciéndose: mañana puede ser mejor. Y a pesar de todo mientras hay vida, siempre hay revancha y esperanza.Lo que pasó anoche es simplemente la vida. Saber que si Messi puede errar un penal y Pampita (modelo argentina hermosísima) puede tener cuernos y Maradona puede ser un el Diez (que no el Dios) y a la vez un hombre con dificultades inmensas en sus vínculos, nosotros, mortales como todos, podemos equivocarnos, caer y levantarnos sin perder un ápice de nuestra dignidad humana y ¿por qué no? Nuestra sonrisa.Lo que pasó es, simplemente la vida. Esta semana ustedes, mis hijos, que discuten hasta por la temperatura del agua para el baño, recorrieron juntos el barrio y mucho más buscando a Mila. Fernando: llevaste a Mercedes en tu moto y le tuviste paciencia mientras tu hermana quería arrancar un Wiemaraner macho de las manos de su dueña en una veterinaria de Floresta sin darse cuenta de que no era nuestra pichicha perdida. ( Y ella te abrazó muy fuerte cuando se reencontraron con la perrita y cuando se subió a tu moto confortada con tu contención y tu cuidado de hermano). Mientras tanto, por ahí andan hijos y entenados de casi todos los hiperenriquecidos “servidores públicos” que se sirven a sí mismos contando billetes, tirando bolsos, sacando cuentas raras en lejanos países. Y Messi erra un penal y renuncia a la Selección Nacional y otros hijos y entenados a nivel mundial hacen papelones manchando la pelota.Lo que pasó es simplemente la vida. Mientras la “China” ponía al borde del colapso a la más linda hace unos días, haciéndonos pensar que no siempre basta con ser linda, dos viejitas le daban cien pesos a Mercedes porque no había llevado tanto dinero encima para volver a casa con Mila en un taxi.Es lunes. Llueve y Messi erró un penal anoche. Y salimos segundos pero no somos de ninguna manera fracasados. Los hijos y entenados siguen por ahí portándose muy mal.Pero Mila está en casa gracias a Dios y a la bondad humana. Y resopla a mi lado mientras lame sus patas casi sanadas. Y mis hijos son más hermanos que antes. Y por dos horas, penando con la Selección, los argentinos nos olvidamos de las grietas para sentirnos tan hermanos como Meche y Fer subidos a la moto en pos de Mila. “Y eso es lo principal”, como diría Doña Juana, la abuela paterna de mis hijos, una “tana” acostumbrada a perder finales muchas veces pero a seguir apechugando hasta el final.

#la vida continúa y #que Messi no renuncie a la Selección ArgentinaCati Cobas

lunes, 4 de abril de 2016

314- ¡Y llegó el “minianimalismo” al TUVE CLUB!

Dice Wikipedia: El minimalismo, en su ámbito más general, es la tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes. Es una traducción transliteral del término inglés minimalism, o sea, que utiliza lo mínimo (minimal en inglés). Es también la concepción de simplificar todo a lo mínimo”.
  
Hace ya varios años comuniqué a mis lectores mi conspicua pertenencia al TUVE CLUB.
Sí amigos. Yo “tuve” coche, “tuve” casa en un country, tuve mayores posibilidades económicas, “tuve” una serie de personas y cosas que ya no tengo pero cuya pérdida me ha permitido disfrutar de otras personas y otras  cosas, que continúo teniendo y que me hacen la vida amable día a día.
Una de las que no he perdido, gracias a Dios, es el sentido del humor, que me lleva a descubrir una razón nueva para reafirmar mi pertenencia a un club tan especial: desde que Salem, el gato y Mila, la perra, ambos de Mercedes, mi hija, tomaron posesión de nuestros aposentos: ¡TUVE CASA! Pero me he constituido simultáneamente en creadora de un nuevo estilo decorativo: el mini”animalismo”.
Quienes me conocen saben que, como buena descendiente de mallorquines nunca he tirado nada que pudiera recuperarse, reciclarse. Por lo tanto, no puedo decir que mi living fuera de ensueño, pero sí que era un sitio digno de toda dignidad. Con su mesa ratona, su sofá de tres cuerpos, sus paredes pintadas y limpias, sus puertas y zócalos prolijos y algunos adornos y portarretratos que a mí me encantaban.
Primero llegó Salem, el gato volador, al que a veces me daban ganas de reducirle alguna vida más por mi cuenta, porque me convirtió en titánica defensora de sofáes y tapizados sin demasiado éxito. Hace dos años que tapo, coso, enfundo pero él y sus uñitas irredentas continúan haciendo destrozos. Eso sí: los adornos y portarretratos no le llamaban la atención por lo que quien entrara a casa todavía podía reconocerla.
¡Y ahora, el broche de oro llegó con Mila, la cachorro de Weimaraner que nos ha cambiado la vida!
Reconozco que Mila, con sus ojos celestes y su cara de buena persona, como dijo mi primo Sebastià, me tiene subyugada. Es tan dulce como activa, tan mimosa como roedora y tan cariñosa y fiel como saltarina e invasiva.
Y yo, que fui criada en una casa en la que jamás hubo animales (la filosofía de mis padres y abuelos los destinaba al campo), por amor a Meche, a la que le encantan los bichos desde la cunita, me he convertido en creadora de un nuevo estilo decorativo, además de miembro honorario del club del que les hablé.
Sí amigos: tuve casa. El que ahora entre a la mía no podrá encontrar un solo adorno, una sola cajita. El despojamiento es total y mi sofá luce como una cebolla: funda, cubre funda, dos sábanas, que se lavan varias veces a la semana. Mi querida mesa ratona ha sido envuelta por un mantel atado en las patas, única manera de sobrevivir a la catástrofe masticatoria de la Weimaraner. Y los zócalos comienzan a verse patinados, con cascaritas muestra de los dientes devastadores de Mila.
Por lo tanto, para no llorar, me postulo como creadora de este nuevo estilo, el minianimalismo. Porque gracias a estos animalitos, he debido llevar al extremo el saber disfrutar de la esencia misma de las paredes (y eso hasta que a Mila y Salem no le dé por masticarlas).
¡Pensar que cuando crié a Fernando y a Mercedes (perdonen la comparación) lo hice enseñándoles a no romper las cosas y me fue tan bien que nunca tuve problema al ir de visita a ninguna casa, porque siempre supieron comportarse y apreciar lo agradable de una hogar puesto con dedicación!
Una de dos: o estoy muy mayor y permisiva o en realidad quiero trascender en la historia de la decoración con nombre propio…
De cualquier modo, cuando llegue al fin de mis días podré decir que siempre TUVE ganas de vivir lo que me tocaba con la mayor alegría posible y eso no tiene precio.

Cati Cobas

domingo, 13 de marzo de 2016

313- Una "nieta" singular


Casi todas mis amigas son abuelas. Pero en mi caso, habiendo hecho “los deberes” más tarde de lo que correspondería a mi edad, todavía falta un tiempo para vivir las delicias de la abuelidad humana, creo, aunque uno nunca sabe…

Por ahora, teníamos a Salem. Ustedes saben, el gato volador al que le quedan seis vidas luego de arrojarse, en busca de un murciélago, desde el octavo piso hasta la azotea vecina (siete pisos más abajo). Pero Fernando quería un perrito y adoptamos a Lupe el año pasado. Era preciosa, pero el moquillo le jugó una mala pasada y la perdimos con la pena y la congoja que todos los amantes de los animales ya conocen bien.

En mi caso, debo confesar que puedo vivir sin mascotas, pero trato de entender que mis hijos sientan de otra forma. Y, la verdad, Lupe nos había dejado con el corazón estrujado. Por eso, cuando Meche dijo que buscaría un “perrito nuevo”, no tuve inconveniente en aceptar la propuesta. Mercedes es delgadita y de contextura pequeña, por lo que colegí que elegiría un perrito proporcional a ella.
Una tarde, al llegar a casa, mis hijos llegaban de buscar al nuevo integrante de la familia. Mejor dicho, “la” nueva integrante.

Cuando la vi casi me desmayo. Era hermosa. Con unos ojos celestes maravillosos y el pelo castaño grisáceo cortito. Hasta ahí: ¡perfecta!

Claro que la vida nos da sorpresas: mi hija había obviado el tema de tamaños y departamentos. ¡Mila, tal es su nombre, es un hermosísimo ejemplar…de… Weimaraner!

Comenzando por el Alzheimer y continuando por el Holocausto, los alemanes me dan un poquito de escozor prejuicioso, lo confieso. Pero al ver el porte y el tamaño de la cachorrita, de tres meses apenas, tuve que desparramarme en el sofá del living para aguantar el soponcio germánico que me derribó. Y cuando supe que se trataba de una raza “cobradora” de caza, que no quiere a los gatos y es sumamente apegada al dueño pero sufre enormemente cuando éste se ausenta, mi desazón alcanzó límites estratosféricos.
Claro que como quiero más a mi hija que a mis muebles y enseres, me estoy tratando de adaptar a la nueva situación abuelística.

Mila, que ya tiene cuatro meses, nos ha hecho olvidar la pena por la pérdida de Lupe. Corre por el living y la terraza con sus patotas gigantes, y… lleva masticados la mesa ratona, unos cuantos pares de zapatos, una de mis cajitas artesanales y…

Pero es tan cariñosa, dulce e inteligente que, cuando la sacamos a varear por la Avenida cercana a nuestra casa y la gente no puede menos que admirarse por su belleza y elegancia, me permito sentir una décima parte de lo que deben experimentar las abuelas humanas con sus bebés.

Tener hijos es algo maravilloso, y nietitos, aunque sean alemanes, cazadores y de cuatro esbeltas patas, ni les digo…

En cuanto a Salem, me parece que en cualquier momento, a raíz de los embates de mi nieta, se vuelve a tirar del octavo. Si alguien lo encuentra, devuélvanlo por favor porque quiero disfrutar las cinco vidas que le queden.

Cati Cobas

miércoles, 21 de octubre de 2015

312-De sampedrinos y palabras…


La palabra y los sampedrinos son los responsables de que, conspicua sexalescente asumida, me sienta más viva y más feliz que cuando tenía veinticinco abriles, los que, demás está decir, no volverán (tango dixit).
La palabra y los libros. Comenzando (hay que ser agradecidos) por Jorge Sagrera (escritor sampedrino, de raíces mallorquinas) y sus alumnos, en los “Encuentros de Literatura Catalana”, que por aquellos días  de 2010 se celebraban regularmente.

Él me abrió la puerta y la palabra hizo el resto.
Nunca olvidaré el 25 de mayo de 2012, cuando Jorge y Juan Manuel Gomila, presentaron mis historias de inmigración noveladas, en la Agrupación Mallorca de San Pedro. Con una organización impecable, que incluía una exposición de fotos antiguas, inspirada en la portada de mis “Dos orillas para una crónica” y el Ensamble Mallorca en un concierto delicioso.

Ahí comencé a conocer a los sampedrinos mallorquines. A conocerlos, valorarlos y definitivamente a quererlos. Porque aman los libros como yo y, además de cultivar la palabra, son gente de ídem, tan difícil de encontrar en este tiempo. Cálidos, considerados, trabajadores y honestos, hacen honor a la mixtura argentino-balear de una manera envidiable.

Así, poco a poco, entre almuerzos y celebraciones, sueños y proyectos, nos fuimos haciendo amigos. Y cada encuentro hizo más fecunda esa amistad. Hasta hacerme sentir con su cariño y hospitalidad absolutamente “en casa”.

No podría nombrarlos uno a uno. Los quiero a todos. Jóvenes y no tanto. Incluido por supuesto, Felipe, el pequeño gran plus de la Agrupación. (Y conste que no digo “a todas” para no herir susceptibilidades) pero las “todas” son muy importantes. Allí encontré tantas amables coetáneas, que hemos podido integrar el ¡Club de Admiradoras de Los Gavilanes de España!

 Entre las “todas”, Inés Corda Ruozi de Ginard, de la Sociedad Italiana, sumada a la gente que la acompaña, pergeñaron, en octubre del 2014, un hecho sin precedentes, que hizo de San Pedro un lugar único: La Feria del Libro y Escritor Sampedrino.

¡Menuda pretensión y osadía! ¿Verdad? Todo un fin de semana dedicado por completo a la palabra y al libro. Y lo más increíble fue que se constituyó en todo un éxito. Las diferentes comunidades de la localidad dijeron presente. Librerías, editores y autores. Homenajes. Música. Danza. Una maravilla. Y Abelardo Castillo, conspicuo sampedrino, sobrevolando el salón.

El 2015 volvió a albergar una nueva osadía. Y nuevamente fue exitosa.
Pero esta vez la palabra me regaló un extra: ¡Pude vestir por primera vez el traje de payesa mallorquina! ¡Y acompañada por un gaucho de primera! Es que con Juan Manuel decidimos unir las “Dos Orillas” en una charla sobre las glosas mallorquinas y la payada, que nos hizo más felices a nosotros que al sufrido y numeroso auditorio…


Ya sueño con la Feria 2016. No sé todavía de qué irá la cosa, pero soñar es el primer paso para construir. Así que, definitivamente, quiero decir: San Pedro: si Dios nos da vida, allí estaremos, gracias a la magia de la palabra y la amistad.


Cati Cobas 

miércoles, 29 de julio de 2015

311- Volver a Galicia

  “Levaime, levaime, airiños,
levaime a donde me esperan
unha nai que por min chora,
un pai que sin min n'alenta,
un irmán por quen daría
a sangre das miñas venas,
e un amoriño a quen alma
e vida lle prometera.
Si pronto non me levades,
¡ai!, morrerei de tristeza,
soia nunha terra estraña,
donde estraña me alomean,
donde todo canto miro
tomo me dice: «¡Extranxeira!»”.

Rosalía de Castro

No creo en las casualidades. Estoy convencida del mensaje del Eclesiastés. Hay un tiempo para todo.

Y, definitivamente, este mes de julio ha sido mi tiempo de volver a Galicia. A la Galicia de tierra, mar, pinares y botafumeiros, que me debo. Y a otra, la de mi infancia en Parque Chacabuco, muy próxima, decididamente barrial y absolutamente porteña. 

La Galicia de Carmen, rubicunda, trabajadora y voluntariosa llamando a comer a su hijo José Luis, mi amigo, los brazos en jarra sobre la cadera generosa:  “¡Jose Luis, ven p’raquí, home…!” Mi amigo, rubio y de ojos zarcos dejaba todo y corría respondiendo al llamado. Es que Carmen era una mujer para respetar y obedecer, exigente y dura en apariencias pero disimuladamente tierna para querer a su muchacho.

Sí, amigos, volví a mi Galicia propia, la semana pasada cuando el Coro de Residentes de Vigo me regaló un Día del Amigo con gaitas y pandereta. Para reencontrarla el viernes en la hermosa celebración Aniversario del Centro de Galicia y Buenos Aires. Ahí, junto a mucha gente llena de cordialidad pude gozar de una noche de “galleguidad” y alegría maravillosas, donde pude sentirme como una más. Porque, a pesar de que mis orígenes provengan de Mallorca, nada de lo gallego me es ajeno.

Gallegos eran los abuelos de Lidia, mi mejor amiga de la infancia. Todavía veo a Don Manuel, sastre primoroso,  sobre su mesa de corte o cosiendo puntada tras puntada, la percalina de una chaqueta. En  una casa, perfumada por su esposa e hijas, de lavandina y jabón blanco. Una casa, en la que hasta los elásticos de las camas se cepillaban semanalmente con alcohol. Pulcros hasta lo indecible, hacían del trabajo su mayor blasón y orgullo.

Gallegos, también, los padres de Elsa, otra de mis amigas. Don Manuel era carpintero. Lo he visto a toda hora sudando en el taller, donde carrozaba camiones con una seguridad y fortaleza dignas de encomio.

Gallega, la familia de Hugo. Don Pepín y Doña Filomena, amigos de mis padres, desataban morriñas en el patio de Devoto, mientras nosotros jugábamos a la mamá y al papá, tratando de imaginarnos grandes…

Gallego, mi (y digo bien “mi”) almacenero José, el que siempre tenía una yapa riquísima junto a un guiño cómplice de sus ojos también azules como los de José Luis.

Y gallega, entrañable gallega, Doña María, la dueña de la panadería La Mimosa, tan parecida a la actriz Amalia Sánchez Ariño, que  a veces me hacía dudar, pensando que se había escapado de la pantalla.

Por eso, tal vez, ayer en el Centro Lalín me sentí una más mientras María González Rouco nos contaba sus historias de abuelos y regresos. Mientras todos los presentes nos emocionábamos con historias de inmigrantes gallegos, vascos, franceses o armenios, llenas de sentimiento y emoción.

Por todo lo que he dicho, porque siempre consideré un honor que me llamen “la gallega” aunque el ciento por ciento de mis raíces estén afincadas en la Roqueta mediterránea. 

Porque no hay mejor honra para mí que ser decente y noble, trabajador y empeñoso. Pero también tierno sin exageraciones. Y de todo eso, los gallegos que he conocido a lo largo de la vida saben un largo rato.

Volví  a casa y devoré el libro “Volver a Galicia” Cuentos y poemas con gallegos argentinos. Lloré con Manuel y Carmiña, regresé junto al indiano y me prometí que más temprano que tarde contemplaré de cerca la Torre de Hércules, las rías y la Catedral de Santiago. Más temprano que tarde, volveré yo también a Galicia porque, a pesar de no haber estado nunca transitando sus caminos, la he vivido desde siempre.

Gracias, María, por haberme devuelto este tiempo adormecido en la memoria de la niña que fui y que espero reencontrar cuando vuelva a Galicia…

Cati Cobas

martes, 21 de julio de 2015

310- De zarzuelas y de amigos…




Hubo un momento en que me dije que ya tenía suficientes amigos. Pero, como tantas, tantas veces, estaba equivocada. Equivocadísima.

Cuando iba a llegar mi hijo Fernando a nuestras vidas, Mercedes me preguntó si mi amor se iba a dividir por la mitad y yo le respondí que para los papás, el amor se multiplica con la llegada de un hijo. Ahora siento que lo mismo puede suceder con los amigos.

El secreto está en abrirse, en no tener miedo a sufrir algún desencanto y en animarse a bucear, sin prejuicios, en el abanico de personalidades entrañables que la vida nos va presentando a cada paso. Claro que conservando aquellos (mejor aquéllas) que han sido y son pilares en nuestra vida. Aquéllas con las que hemos caminado cuarenta o más años mano a mano, risa y lágrima compartidas y con las que comenzamos hablando de muchachos y potingues, para charlar ahora sobre kinesiólogos y triglicéridos.

Y la noche de anoche fue una confirmación de lo que sostengo, queridos lectores. Porque celebré el Día del Amigo junto a Alicia, madrina de mi hija, amiga por más de cuarenta años (perdón, Ali…), compañera de aventuras turísticas argentas y jubilares. Pero también junto a Analía y Raquel, dos nuevas amigas que me está deparando el Taller de Canto y Ángela, mi prima/amiga, regalo de la web.


¡Qué noche la de anoche, Teté! (por si me lee algún hispano, aclaro que esta forma de exclamar los argentinos se la debemos a un peluquero que se dirigía en esos términos a una conductora muy agraciada que lo acompañaba en sus desfiles).

Y sí. Fue una noche para recordar. Porque por esas cosas del destino, todas estas amigas de siempre y recién estrenadas decidieron acompañarme a la celebración del día, asistiendo a la Gala de la Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela en el Club Español de la Ciudad de Buenos Aires, a partir de una invitación de la periodista María González Rouco en el “Caralibro” comunicativo.

Precedida por un cafecito amistoso, la noche tuvo por escenario el Salón Imperial del Club, “decorado con telas del pintor español Julio Borrell, que cubren paredes y techo, con ocho imponentes arañas tipo imperio de cristal de roca checoslovaco”. Y la música fue la sexta integrante de una noche excepcional. La sexta, pero de incalculable valor para nosotras, formadas en una época en que “la galleguidad”, como sinónimo de hispanidad formaba parte de nuestra infancia, en familias de inmigrantes.

“Na veira do mar“ nos retrotrajo a Lolita Torres en radio El Mundo, mientras los deliciosos fragmentos de zarzuela nos trajeron infancias y adolescencias en las que el Teatro Avenida era una parte indisoluble del vínculo con nuestros padres y abuelos.

¡Qué noche la de anoche! Con lagarteranas y costureras, con sensuales hijas de Zebedeo y buenos mozos argentinos, devenidos en baturros y barberillos.

Nos cansamos de aplaudir. Tanto el Coro “Residentes de Vigo”,como los bailarines de la Compañía de Arte Español, los Solistas y el Coro “Amigos de la Zarzuela” recibieron nuestro aplauso emocionado y nos hicieron sentir vivas y felices en una noche fría de julio, celebrando la amistad.

Aunque para mí, el broche de oro lo puso el señor Benito Blanco, integrante de la Comisión de Fiestas del Club Español, que nos dirigió la palabra en nombre de la institución. Con más de sesenta años en nuestra tierra compartió su amor por su España de origen y su agradecimiento por esta Argentina amiga, con tanta dignidad y afecto que habló por sí mismo de la capacidad de este bendito suelo de integrar y hacer de la amistad su divisa y su estandarte.

Volvimos a nuestras casas pletóricas de gracia.

Cati Cobas

Nota: las fotos pertenecen a la periodista María González Rouco, a la que mucho agradezco...

Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela

Fue fundada el 4 de Enero de 1949 (.) y desde entonces mantiene un seminario abierto a todo cantante, directores, pianistas, actores, bailarines, interesados en aprender este hermoso género, representativo de toda España. De este seminario han salido grandes cantantes y directores. La Asociación está auspiciada por el Club Español de Buenos Aires. Nuestra anterior presidente, Doña Sofía de Rey, fue la fundadora y alma mater a lo largo de 44 años. En 1993, el Rey de España le concedió la "Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica".

En 1999, la Federación de Sociedades Españolas, le otorgó la "Medalla de la Hispanidad", entregada en la Embajada de España. El 19 de Mayo de 2001, el elenco de "España en el Globo", le otorgó una plaqueta en reconocimiento a su trayectoria. En Junio de 2002, recibió el "Premio a la Trayectoria", otorgado por la Embajada de España. En reconocimiento a su trayectoria en el género musical "Zarzuela", le fue entregada una plaqueta en el Teatro Avenida, por la empresa MATT-HUNGO el 26/06/2003. Se han presentado actuaciones en un sin fin de teatros e institutos culturales de Buenos Aires, como así también en centro de Casas de Cultura del interior del País.

(.) Por la Sra. Sofía Cister de Rey

jueves, 16 de julio de 2015

309- Escarnio y elogio del valor del chorizo colorado


Wikipedia dixit: “El chorizo es un embutido originario y típico de la península ibérica, extendido a América Latina. Es un embutido curado (bien al aire, bien ahumado), elaborado principalmente a base de carne de cerdo picada y adobada con especias, siendo la más característica el pimentón, que es el elemento más distintivo del chorizo frente a otras salchichas, y también el que le da su color característico rojo y sabor ligeramente picante.

En el Río de la Plata existen también variedades de chorizos semejantes a los ibéricos; entre éstas, la más frecuente es el “chorizo colorado””.

Se ha instalado el invierno por estos pagos y con él la necesidad de alimentos más substanciosos para combatir el frío.

La semana pasada, para placer de Fernando y horror pituitario de Mercedes, mi cocina se vio aromatizada con un riquísimo guiso de mondongo(1),  en el que el chorizo colorado aportó su sabor único, junto a una deliciosa panceta ahumada, ambos comprados en mi carnicero de siempre.

 Digo bien: MI CARNICERO. Aquí estos susodichos son toda una institución. Y el mío: un portento. Toda su mercadería es fresca, noble, jamás se pone fea, aunque generalmente es un poco más cara que la de sus colegas vecinos. Pero con comprar lo imprescindible se soluciona el tema por aquello de “mejor calidad que cantidad”, ¿no?

La cuestión es que esta semana, engolosinada por los lauros de mi mondongo (perdón, “del” mondongo), decidí arremeter con las narices de mi delicada hija y preparar un delicioso guiso de lentejas.

¡Me tuvieron que sostener al recibir el importe que debía pagar! Entre el mentado chorizo y la rebanada de panceta debía oblar casi cien pesos…¡una Evita por un choricito y una rebanada de cerdo!

Se ve que todavía conservo fresca mi expresividad. Porque toda la carnicería se dio vuelta ante mis exclamaciones y casi me quedo sin MI CARNICERO, que no sabía cómo callar mis horrores choriceros: “UN CHORIZO CINCUENTA PESOOOOOOS!

Me fui sin el chorizo, sin la panceta, mascullando indignación. Porque ningún guiso criollo que se precie puede prescindir del sabor tan especial que le da el noble embutido. Y así entré a la casa donde compro especias. Debía estar tan colorada como el chorizo, aunque sin haber sido sometida al acoso del pimentón. Los vendedores no pudieron menos que preguntar qué me pasaba.  Ahí me sugirieron cruzar de vereda y consultar en la fiambrería. Así que pronto la vida me sorprendió a la caza del chorizo colorado, como si eso fuera una hazaña de vida o muerte.

Sepan los lectores que salí victoriosa de mi epopeya porque ahí nomás, a cincuenta metros de la carnicería, todavía tuve vuelto al entregar un billete de las Malvinas (cincuenta pesos).

Y el guiso está para chuparse los dedos…

MORALEJA: por muy bueno que sea su carnicero, huyan despavoridos cuando de embutidos se trate. O, en su defecto, exíjanle al mismo que emplee“atalajes” (exhibidores de joyería) para mostrar mercadería tan noble y distinguida como el delicioso chorizo colorado.

Cati Cobas

(1) (En Argentina , Uruguay, Paraguay y Región Sur del Brasil, la palabra mondongo prácticamente se restringe en su uso gastronómico a las partes del estómago rumiante llamadas libro y -especialmente- al cuajar, casi coincidiendo en tal sentido con lo que en muchas zonas de España es llamado callos)

domingo, 21 de diciembre de 2014

308- Sencillamente, Francisca (Presentación del libro de una mallorquina con todas las letras)

La casa, llena de vida, abrió sus puertas. María Antonia Bonet, amiga, cantante y mallorquina, su guitarra y yo nos sentíamos profanando sus secretos al trasponer el umbral. Nos preguntábamos por qué Antonio Más, amigo, secretario de la Federación de Sociedades Españolas y mallorquín, que nos había convocado, aún no se encontraba ahí para allanarnos el camino.

Francisca Simo nos recibió con amabilidad y cortesía. Es una mujer a la que mi madre y mi abuela describirían como “molt curiosa”, que en mallorquín significa “más que prolija”. Delicada, elegante y cálida a la vez, nos acogió como una verdadera “madona” mallorquina, llena de señorío natural. En pocos minutos presentaría su libro de memorias “Simplemente, Francisca”. Con María Antonia dejamos de sentirnos, a partir de la sonrisa de la flamante escritora,  profanadoras de casas y vidas para ocupar un lugar de honor a la vera de Madò Fancisca, su hija Victoria, que haría las presentaciones, y Andrea Estrada, una mujer de letras muy importante, que, como amiga de una de sus hijas y de la casa, había colaborado para que las memorias de esta mujer tan especial tomaran forma literaria (muy eficazmente, por cierto, puedo decirlo porque anoche devoré las historias con fruición).

 El living de esa hermosa casona, típica de Belgrano, estaba colmado de gente dispuesta a honrar a la mujer que había decidido compartir su vida con sincera humildad, no exenta de humor a pesar de “todo”. Su familia mostraba, sin decirlo, gratitud y amor más que incondicionales. Todo hablaba de eso: las flores, la foto de una Francisca joven ataviada a la usanza mallorquina, con una belleza sencilla pero llena de elegancia, la gracia de las palabras de sus hijas, los fragmentos del libro escogidos con esmero y marcados primorosamente en uno de los ejemplares. Hasta los señaladores tejidos por la autora, unas rosas de crochet con los colores de la bandera española, que rememoraban las manos mallorquinas que siempre tienen que tener una labor en ellas, aun en los momentos de descanso.

Llegó Antonio, y comenzó la presentación con palabras, lecturas, emoción genuina y con música. Porque la magia de la música nos hermanó a todos los presentes. ¡Qué bendición la de María Antonia, dueña de ella! Francisca cantó, comenzando por “ses ninetes quant son petitetes…” tradicional canción infantil de las islas y luego todos los presentes hilamos felices predicciones junto a La Balanguera, en un instante absolutamente mágico, para llorar, por fin, emociones inmigrantes con “Me anire de casa”, que nunca había escuchado con emoción tan profunda como ayer en la voz de mi amiga mallorquina.

Francisca ha podido confesarnos en papel que ha vivido. Que es una mujer valiente, llena de fe, que ha criado bien a sus seis hijos y agradece a Argentina el permitírselo. También nos ha dicho que al emigrar se paga un precio muy alto en añoranzas, en morriñas, en saudades. Ahora, rodeada de su familia, llena de gracia, nos ha regalado a todos lo mejor de ella.

Y mis amigos mallorquines y yo le quedaremos por siempre agradecidos por habernos permitido compartir la tarde de ayer,con música y amores, para comprender que a veces, como en el caso de Madò Francisca, la Vida devuelve lo sembrado. Aunque haya tenido que horadarse la piedra tantas veces como insta a hacer el suelo difícil de la querida Roqueta.

Cati Cobas

sábado, 22 de noviembre de 2014

307- Gente del Fin del Mundo

El sol fue una constante en nuestros días en el fin del mundo. El sol y el buen tiempo. Dos bendiciones que supimos valorar, y mucho. 

El Canal de Beagle nos albergó sin una mísera ola, deliciosamente calmo. Y las montañas nevadas, que ponían marco a la ciudad de Ushuaia, con sus picos agudos, nos daban alegría con solo contemplarlas desde las callecitas empinadas que bajaban a la costa.

Alicia y yo ya somos sabias en eso de disfrutar el instante. Amigas desde la juventud, hemos aprendido que mejor aprovechar el hoy y abrir los ojos y el corazón a todo lo que un viaje nos regala ya que, sexalescentes empedernidas, estamos en el límite etario que nos permite pasear sin que la maleta de los medicamentos pese más que la de la ropa, aunque no sabemos por cuánto tiempo. 

Quizás por eso, cada una de las casitas de chapa históricas nos resultó especialmente pintoresca. Y cada lago, cada castorera, cada rinconcito del Parque Nacional, una oportunidad para un ¡oh! deslumbrado. 
No es extraño que así haya sido. La Isla de Tierra del Fuego, con sus paisajes, es uno de los más hermosos lugares que hemos conocido.

¿Qué decir del Tren del Fin del Mundo? El que nos asignaron era por demás pintoresco. No hay otro adjetivo. Definitivamente pintoresco: rojo, antiguo, con sus cortinas de voile que enmarcaban el paisaje fueguino para hacerlo inolvidable. Nos trasladó a otros tiempos, y, como en uno de mis cuentos, nos permitió pensar que "El Petiso Orejudo", célebre criminal que vio acabar sus días en la cárcel de la ciudad, nos estaba siguiendo. Volvimos a verlo, hecho estatua en el Museo del Penal. Ahí comprendimos la tragedia de los primeros tiempos de la ciudad, creada a partir de esa prisión y esos prisioneros, cuyo trabajo forzado dio origen a la primera población no autóctona.  

¡Gente del fin del mundo! En realidad, actualmente es tan poca la gente oriunda de esa tierra, en la del Fuego, que en nuestro caso, por más que preguntamos, no encontramos a nadie nacido ahí. 
Chaqueños, santafecinos, catamarqueños, de fueguinos nada. Ushuaia es un abanico de provincias. Un lugar donde los nuestros bajaron a buscar una vida mejor y la encontraron. Hotelería, pesca, turismo, servicios. Y un largo etcétera producto de años de estimulación para poblar esas tierras, más allá de las estancias donde sí debía haber nativos que no llegamos a ver. 

Abanico también de universalidad, gente de todas partes en las excursiones y en los hoteles admirando nuestra tierra y llenándonos de orgullo. Franceses, españoles, alemanes, italianos y japoneses, entre otros, no dejaban de entusiasmarse tanto como nosotras, a qué negarlo. 

¡Gente del fin del mundo! En esos poquitos días también nosotras y nuestros compañeros de excursiones lo fuimos. Y ahí aprendimos una lección que deseo compartir con ustedes porque nuca es tarde para dejar prejuicios de lado, creo... 

El primer día de nuestra llegada observamos a dos señoras coetáneas, acompañadas de una jovencita que parecía ser su sobrina. Tanto Alicia como yo tuvimos la sensación de no habernos resultado mutuamente simpáticas con las tres mujeres, pero no podíamos explicar por qué. Son esas conclusiones que se sacan a priori, sin motivos reales, pero a las dos nos parecía lo mismo, ¿a qué negarlo? 

Nuestros encuentros en las calles producían en las cinco una cierta e indefinible incomodidad. ¡Qué difíciles los seres humanos que son capaces de antipatías injustificadas! ¡Qué manera de juzgar al otro sin conocerlo siquiera! Pero así era, lo admito.

El último día, subidas a la combi con destino al Aeropuerto, del que partiríamos con rumbo a Calafate, sucedió el milagro. Las tías, a coro con el chofer, se burlaban de la sobrina, que ya era, para nosotras, "Florencia", porque ésta se declaraba simpatizante de nuestra "presi". La consuetudinaria clase media encaramada en el vehículo, incluida mi querida amiga, aprobaban los comentarios de la "opo" de manera contundente y dejaban a la joven expuesta al escarnio turístico, cosa que despertó en mí, ansias reivindicativas. 

Tocar el hombro de Florencia y decir en voz alta "somos dos" produjo un efecto increíble  en los viajeros. Nadie esperaba que una señora grande y con aspecto "anti" dijera que Cristina le caía bien. Que no estaba de acuerdo con muchas cosas de su gobierno, pero que era una mujer que gozaba de su simpatía, así como gente de otros partidos, más allá de ideologías y clasificaciones rígidas y estereotipadas. A las exclamaciones y burlas siguió un incómodo silencio. Pero desde ese momento, Florencia y yo comenzamos a mirarnos con otra mirada, y, en el fondo, sus tías se alegraron de que alguien se hubiera animado a solidarizarse con la muchacha. Poco a poco descubrimos a una chica preparada, simpática y muy resuelta y a dos tías afectuosas y orgullosas de su acompañante, más allá de sus ideas. Y creo que ellas también cambiaron de opinión. ya que viendo ciertas cosas de modo muy diferente, mi amiga Alicia y yo paseábamos en absoluta armonía y sin torturarnos con temas ríspidos. 

Y así continuamos en los días calafateños, sonriendo en los encuentros, aprendiendo a con- vivir y a tolerar bromas, pero sin rencores ni agravios, viendo en los demás un "otro" y no un "opo" y descubriendo que la gente, en el fin del mundo, a la vuelta de la esquina, o en una combi en Ushuaia, puede deparar sorpresas y que los prejuicios nos hacen daño, que lo mejor es comprender que cada persona es una maravilla por descubrir, venga de donde viniera.


Cati Cobas