domingo, 3 de julio de 2011

272-Baldosas de Buenos Aires

Créditos: http://www.tn.com.ar/

“Al evocarte,
tango querido,
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado”

El choclo
Tango 1947
Música: Ángel Villoldo
Letra: Enrique Santos Discépolo / Juan Carlos Marambio Catán

Mi “profe” de Literatura dice que no es bueno citar a otros autores dentro de un texto que escribimos porque nuestras palabras pierden valor. Pero si yo le hiciera caso resultaría que tres cuartas partes de mis crónicas dejarían de existir. Es que para mí, hacer referencia a canciones, poesías o frases de autores populares o prestigiosos forma parte de mi estilo, de mi manera de contar. Le da un valor agregado a lo que cuento y, muchas veces, le pone música, en complicidad con la sabiduría del lector. Así que ¡a mucha honra aunque Don Isidro se me cabree!

Por eso, esta vez, nada mejor que un fragmento de El choclo para introducir el tema. ¿Qué mejor para mentar a las baldosas porteñas? Con esa referencia al “bailongo”, en el que las baldosas tiemblan al compás de un buen “gotán”. Resignadas, humildes, nacidas para que todos las pisemos. Pero sensibles como para temblar con el dos por cuatro. En los patios, en las azoteas y en las veredas (aceras para los españoles). Esos cuadraditos de cemento forman parte fundamental de esta ciudad donde, como diría mi amiga Socorro, todo es grande, extenso, marcado por el destino ilimitado del paisaje de llanura.

Me declaro casi ignorante en materia de solados urbanos. Pero en el centro de Madrid caminé sobre piedra, mientras que en París lo hice sobre asfalto o empedrado en la mayoría de los sitios. Y, la verdad, nuestras veredas cementicias en trazado perpendicular y nuestros árboles me parecían a la distancia tan dignos como esas otras clases de pisos ciudadanos. Al recordarlas sentí que nuestras baldosas resumían, con su trazo, el otro damero mayor, el que define en su esencia a la ciudad de Buenos Aires, nacida de la alianza entre el cardo y el decumano romanos.

Ya es hora de contarles, amigos, que desde hace un tiempo y merced a la inspiración de Avelino Tamargo, un edil porteño (aunque ahora debemos decirle “diputado”, ya que vivimos en una “ciudad autónoma”), las modestas baldosas van adquiriendo carácter de homenaje. Y de homenaje a la canción popular en cantautores que le han cantado a nuestra ciudad.

La campaña se llama “Amor por Buenos Aires” y plasma ese amor en baldosones de 2 metros de largo y 1,2 de ancho hechos canción, sumada a la referencia a sus autores.
Así, si caminamos por Callao -sí, la calle donde rueda la luna-, en su encuentro con Arenales, aparece Horacio Ferrer , autor de “Balada para un loco”.

Y en el 898, Carlitos Gardel renace a través de “Mi Buenos Aires querido”, mientras Cacho Castaña lo hace en el 1124, con su tema “Mi Buenos Aires Querida” (no es raro que Cacho considere mujer a Buenos Aires ¿no?). En cuanto a Joaquín Sabina. lo hallamos entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, por su hermosa canción “Con la frente marchita” para finalizar por ahora, solo por ahora, esperemos, con Alejandro Sanz, a la altura de la Plaza Rodríguez Peña, con “Llega, llegó Soledad”.

Digo "solo por ahora" porque la propuesta, que actualmente está tan congelada como nuestras temperaturas invernales, comprendía unas sesenta canciones, con sus respectivos autores. Pero estamos en campaña electoral y el arte, en estos momentos, duerme el sueño de los justos, por lo menos en lo que hace a pavimentos representativos.

Debo confesar, queridos lectores, que luego de releer estas líneas, compruebo que me ha costado retomar el teclado para contarles sobre mi hermosa ciudad y sus baldosas ya que el no escribir pareciera que herrumbrara un tanto la sesera. Les ruego, entonces, que sean benévolos con esta servidora. Pero si no lo son y manifiestan que les ha resultado demasiado soporífera no se me acerquen porque…

“Igual que baldosa floja
salpico si alguien me pone el pie,”
…….
Y de cualquier modo…en unas cuantas crónicas volveré, seguramente, a ser la de siempre porque...

“yo seguiré, bailando
mientras las tabas me den con qué.”

Baldosa floja
Milonga 1957
Música: Julio Bocazzi / Florindo Sassone
Letra: Dante Gilardoni

Cati Cobas

2 comentarios:

alix&arte dijo...

Querida Cati, estamos poblados de nombre, de citas, no somos una palmera en una mini isla. Estamos dentro de un bosque. me encató la imagen de la baldosa floja que se mueve al pisarla. Grande mi dama...Hasta pronto...

CATI COBAS dijo...

¡Gracias, Alix!tal vez algún día tus pies pisen nuestras baldosas...¿Por qué no? Un beso enorme.