viernes, 8 de diciembre de 2017

318- Los “Baby Boomers” en acción, versus los “Millennials” de Xplan S.A



El mail fue contundente: “Estimado cliente: le informamos que el sistema actual de telefonía que nuestra empresa provee será reemplazado por el de fibra óptica. Este cambio no reportará incrementos en el costo pero redundará en una alta calidad en cuanto al servicio. Nuestros técnicos se contactarán con ustedes a fin de acordar día y hora para realizar los cambios en la instalación. Es imprescindible que previamente nos remitan el formulario de acuerdo debidamente conformado. Atte. Emanuel G./ Responsable Comercial/  Xplan S.A.”


Jubilada con la mínima y en vísperas de que me reduzcan ese ingreso a pesar de las amigas que aseguraron fervorosamente hace dos años que eso no ocurriría porque “hay una ley que nos proteje” continúo, gracias a Dios y a los legisladores de casi todos los colores (una verdadera vergüenza nacional), trabajando. Ese hecho tiene ventajas y desventajas como todo en esta vida. Aunque reconozco que en este caso son más las primeras que las segundas.


Entre los “pro” (perdonen algunos lectores este término) se encuentra la Calle Florida, que  es mi lugar en el mundo. También, tener la obligación de arreglarme a diario y, sobre todo, que las neuronas se mantengan en total funcionamiento. La “contra” (mil disculpas,  lectores agrietados) es que en mi oficina nos llamamos Alicia, Ernesto, Eduardo o Susana, nombres propios de de baby boomers (nacidos entre 1945 y 1964) y los i-responsables que nos enviaron el mail que precede a esta crónica tienen apelativos propios de millennials (aquellos que se hicieron adultos con el nuevo siglo) o sea Emanuel, Facundo, Franco o Federico sin contar unos cuantos Brian, Johnatan o Leandro, con el agravante de Nahuel, cadete “founder”, o sea, nacido después del 2000.


La cuestión es que luego del correo electrónico en cuestión y de su aprobación por el titular de la firma, o sea nuestro jefe, tan baby boomer como nosotros, nuestra oficina nunca más fue la misma porque el encantador Emanuel nunca envió a los encargados del cambio de sistema pero Facundo y Franco, i-responsables técnicos dieron orden de cortar las líneas analógicas en el supuesto de que ya contábamos con la óptica fibra   .


Una aciaga mañana de noviembre nos encontramos sin dicha fibra óptica y totalmente incomunicados, Ahí comenzó la más terrible batalla que imaginarse pueda.


Piensen ustedes: teléfonos mudos de toda mudez…¡en una inmobiliaria! Y un selecto grupo de jóvenes in-dispuesto a ayudarnos…


Por piedad no abundaré en llamados y ruegos, amenazas y esperas. La cuestión es que un bendito día tuvimos la mentada fibra para descubrir que nuestro sistema de internos  ¡era incompatible con la nueva tecnología! Los millenialls no habían efectuado una visita para estudiar compatibilidades antes del tijeretazo.


Don Eduardo, nuestro jefe, bramaba indignado, mientras se le pasaban comunicaciones desde un “huevófono” móvil  prehistórico, los clientes no podían comunicarse y las ventas amenazaban extinguirse.


Alicia, mi paciente compañera, llamaba y llamaba a Xplan sin resultado ya que los i-responsables debían reemplazar nuestros teléfonos y central “de carne y hueso” por una …¡Virtual! cuya existencia era casi imposible de explicar a nuestro atribulado jefe. Y para colmo, pretendían hacerlo en forma virtual, o sea desde una computadora a diez cuadras de distancia… “la política de Xplan es no concurrir con técnicos a las oficinas y manejarse desde la web.


Esto duró varios días hasta que decidimos que una Alicia y una Cati iban a dar batalla. Y eso hicimos.”.


Como primera medida, nos apersonamos  en las oficinas de Xplan. Ahí descubrimos que la tecnológica empresa estaba conformada por cerca de cincuenta Facundos, Francos y Federicos que desde sus puestos virtuales pretendían arreglar todo. Alicia y yo parecíamos “Bombita” de Relatos Salvajes, a qué negarlo. Asustados los millennials se escondían detrás de las pantallas. Solo Brian, que debía conservar alguna porción de sangre baby boomer, comprendió nuestra desesperación y envió un técnico “de cuerpo presente” y no virtual a las dos horas.


Lo secuestramos. Al técnico. Leandro fue secuestrado por Alicia, Don Eduardo y esta servidora, que se apresuró a cerrar con llave todas las salidas. No lo liberamos hasta que los nuevos teléfonos funcionaron. Y no nos da vergüenza confesarlo.


Los baby boomers habíamos triunfado.


Estimados clientes: los esperamos para servirlos al viejo estilo. Somos “mayores” pero humanos”...


Cati Cobas

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