sábado, 25 de noviembre de 2017

317) De mates y de ilusiones (o “contra viento y marea”)

“Hoy tenés el mate lleno de … felices ilusiones”
“Mano a mano”, Tango - Música: José Razzano/Carlos Gardel. Letra: Celedonio Flores


Hacía mucho tiempo que con “Na” Tonia Bonet, mi amiga mallorquina, soñábamos con un paseo por el Tigre, en  lancha. Y el día de la Soberanía Nacional era ¡por fin! el señalado. Sábado y domingo fueron gloriosamente primaverales, cálidos y soleados. No así este lunes. Amaneció como el 25 de mayo en la Historia de Grosso: frío. Frío y lluvioso a más no poder. Un día para pastas, siesta, mate y tortas fritas. Pero… una mallorquina de nacimiento y otra signada por la biología jamás renuncian cuando se encuentran en busca de sus deseos, así que decidimos encontrarnos igual. Y ya veríamos...
Las deliberaciones no duraron demasiado. También la practicidad insular nos une. De modo que desistimos de la lancha y, paraguas en mano, recorrimos el Puerto de Frutos, al que encontramos muy bonito aunque bastante “for export” para nuestro gusto amante de lo artesanal. Bueno, en realidad, caminamos por el lugar y vimos lo ofrecido con un ojo solo. El otro, los oídos y la lengua, junto con el corazón, se dedicaron a compartir nuestras ilusiones para el tiempo que viene. Nada mejor que una amiga para eso. Y en este caso, en la madurez de nuestras vidas, redobladas ilusiones con Mallorca,



su geografía, su música y su gente siempre presentes, como corresponde. O argentos y sencillos sueños para renovar los días que nos toquen. En síntesis: Tonia y esta servidora hicimos absolutamente vigente el epígrafe, quitando el prefijo “in” en el verso.
¿Quién decidió llamar “mate” a la cabeza? No hay pistas exactas al respecto. Pero los nuestros estaban a esa altura mojados, empapados de lluvia y de deseos.
Ya era casi el mediodía. El proyecto navegante había hecho agua literalmente pero el Tigre nos preparaba otros tipos de mates más prosaicos aunque absolutamente interesantes por lo que resolvimos emplear al máximo nuestro insular espíritu de superación.
El letrerito era pequeño: “Museo del mate”. Hace años les conté que el de la pizza es argentino y cordobés. Pronto supimos que este museo a la vera del Reconquista era un auténtico “panza verde” por la bebida que celebra y porque bajó desde Entre Ríos. Hace unos años Francisco Scutellá, creador del museo vendió su colección de más de 3000 piezas a Jorge Díaz, un empresario de Tigre, donde se encuentra actualmente.
De nuevo se nos llenó el mate. esta vez con historia, con las primeras bombillas que eran de caña, con una bolsita de mimbre en la punta. Desfilaron ante nuestros ojos mates de cristal, de porcelana alemana, mates “politizados”, que junto a los tradicionales de calabaza nos dieron la certeza de que aunque a la cursi señora del Nordelta le moleste el brebaje pampeano sorbido a la vera de la piscina,  éste tiene larga vida por delante.
Pensé en papá. Le hubiera fascinado este museo. Pude encontrar el envase de su yerba favorita junto a cientos de envases de todo tipo. Y contemplando las pavas (que no teteras) y los calentadores de alcohol igualitos a los que él empleaba me transporté en el tiempo, cuando el programa preferido de los domingos de mi infancia era ir con el coche a tomar mate a Palermo, a la Costanera o a los bosques de Ezeiza.
Evoqué a Fernando, mi hijo, matero consuetudinario y amante de la música, al hallar un sinnúmero de instrumentos realizados con calabazas. que también encantaron a mi compañera de ilusiones, música y matera, si las hay.
Mi sobrina Ángela diría: “¡qué gozada!” Y sí, eso fue este museo: una gozada. Lo recomiendo a autóctonos y foráneos aunque el mate no sea de su agrado.
Nos fuimos a almorzar sintiendo que siempre, siempre se puede disfrutar contra viento y marea aunque nuestras ilusiones hagan agua mientras la decisión de disfrutar de la vida y la amistad no nos abandonen.
¡Por muchos mates llenos por delante, querida Antonia! Y ¡hasta pronto!

Cati Cobas

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